9 ene. 2012

La gran amiga de los tobas y los wichis

Esta bióloga, que vive en Estados Unidos, creó una fundación que promueve la educación de los aborígenes chaqueños hí están ellas, compartiendo una charla sin reloj, a la sombra de esos árboles testigos de un rincón casi olvidado. Sus mundos tan lejanos se unen en cada encuentro y, tal como sucede con aquellas amistades de la infancia, logran conectarse y entenderse más allá de las palabras. Un afecto mutuo que no conoce fronteras ni barreras sociales. Se conocieron en uno de sus viajes a Formosa, cuando con su marido Eduardo Fernández Duque buscaban un lugar para establecer su trabajo de campo, recién doctorados. Ella se había propuesto investigar la relación entre la lactancia materna y la fertilidad y, aconsejada por colegas antropólogos de la zona del Gran Chaco, llegó a la comunidad toba de Namqom en Formosa. Y, desde ese momento, allá por el año 1997, su vida cambió radicalmente y ya nada sería igual. "Bety es mi mejor amiga toba. Muchas veces nos preguntamos cómo podemos ser tan amigas cuando nuestros mundos son tan diferentes. Pero nos une algo que las dos pensamos que es sobrenatural. Ella sabe de antemano cuándo voy a llegar, aunque sea un viaje sorpresa, porque tiene sueños premonitorios en los que me aparezco. Cuando estamos juntas es una experiencia que me permite desconectarme de todo, vivir el presente y charlar de la vida." Y aunque a veces les resulte difícil de comprender -tanto a ellas, como a quienes las ven desde afuera-, sus sentimientos son tan reales como la amistad que las une. Claudia Valeggia nació en una familia de clase media alta de San Isidro, estudió en un colegio privado y, después de recibirse de licenciada en Ciencias Biológicas, viajó a los Estados Unidos, donde reside actualmente, para seguir capacitándose: en 1995 realizó un máster en la Universidad de California en Davis y, un año más tarde, se doctoró en comportamiento animal en el Centro Nacional de Primates de Estados Unidos. Hasta el momento en que viajó a Formosa por primera vez, según cuenta, no conocía la realidad de la pobreza ni la marginación que existe en nuestro país. Conocer a Bety, a su comunidad y entrar en sus vidas la movilizó profundamente, por un lado, por la calidez de esa gente y, por el otro, por la gran tristeza e impotencia que le produjo la situación de injusticia social. Esas sensaciones encontradas la llevaron a soñar y a formalizar su interés por el bienestar de esas diferentes comunidades aborígenes con las que estaba interactuando. Crear la Fundación ECO (Ecosistemas del Chaco Oriental) fue el siguiente paso y, así, su deseo de canalizar el apoyo de una manera más eficiente que a través de sus esfuerzos individuales se hizo tangible: "Con mi marido nos sentíamos muy limitados en la magnitud de actividades que podíamos hacer sin tener un paraguas institucional. Las investigaciones científicas que llevamos a cabo, entre 1996 y 1999, abrieron nuestros ojos y corazones a algunos de los problemas que afectan a la provincia. La desnutrición infantil, el deterioro de los recursos naturales y la marginación social de ciertos sectores son sólo algunos de los problemas que se manifiestan de manera extrema en esta región". Hoy, la Fundación promueve, alienta y apoya la educación académica y no académica de niños y jóvenes de escasos recursos del Gran Chaco, a través de tres áreas de acción: educación para la salud, educación para la conservación y programas de becas, que, de cara al próximo año lectivo, se están promoviendo más activamente: "Estamos buscando madrinas y padrinos que estén interesados en contribuir con la educación de chicos y chicas formoseños. Por ejemplo, estamos buscando padrinos para Rosaura Medina y Manuel Segundo, dos jóvenes tobas del barrio Namqom de Formosa, que quieren seguir la carrera de abogacía en la Universidad de la Cuenca del Plata, de esa provincia. La arquitecta Analía Vaudagna, presidente de la Fundación, y su marido Ernesto Ruiz, tesorero, han sido fundamentales para el desarrollo del programa de becas". En este contexto y con la temática de la fertilidad como hilo conductor de su carrera, se interesó en los aspectos demográficos, fisiológicos y culturales que definen los patrones reproductivos. Así creó el Programa de Ecología Reproductiva del Chaco Argentino, que investiga el estudio de la interacción entre factores ambientales, sociales y naturales, y la biología humana. "La idea es que el medio ambiente genera demandas en el cuerpo humano y, a lo largo de la evolución, hemos respondido de manera adaptativa a estas demandas. Siguiendo este razonamiento, nuestros patrones reproductivos responden a desafíos del ambiente. En este momento, estamos estudiando tres transiciones en la vida: el destete, la pubertad y la menopausia. Nuestro enfoque es biocultural, es decir que nos interesa saber cómo la biología y la cultura interactúan para modelar los patrones de crecimiento y desarrollo que caracterizan a una población." Premio inesperado Gracias a su trabajo con comunidades tobas y wichis del Chaco y Formosa, Claudia recibió uno de los más altos honores para científicos jóvenes que confiere el gobierno de los Estados Unidos. El presidente Barack Obama la eligió como una de los 94 ganadores de los Premios Presidenciales para Científicos e Ingenieros Jóvenes (Pecase, por sus siglas en inglés) que representó un gran reconocimiento a su contribución a la ciencia y a su potencial para no bajar los brazos. "Personalmente -comparte-, primero sentí una gran sorpresa, porque al no ser ciudadana norteamericana, nunca pensé que me lo iban a entregar. Después, sentí un gran orgullo, por lo que el premio representa, y una gran alegría, por la visibilidad que le daría a mi trabajo. Por supuesto que fue un gran incentivo y he recibió cartas de felicitación de muchos colegas e instituciones de gran renombre, desde el rector de la Universidad de Buenos Aires hasta la embajadora de los Estados Unidos en la Argentina." Hoy, Claudia es profesora asociada en el Departamento de Antropología de la Universidad de Pensilvania, investigadora asociada en el Centro de Estudios de Población y miembro del foro de profesoras de esa universidad. Su trabajo abarca tanto la investigación como la docencia: durante el año lectivo, de septiembre a mayo, dicta clases para alumnos de college y doctorado, sin dejar de lado a esas comunidades aborígenes de nuestro país que tanto le dieron. A la distancia dirige las investigaciones en Formosa que realiza su equipo de campo, coordinado por la Lic. Florencia Orlando, y cuando las clases terminan, ahí va ella a reencontrarse una vez más. Pero no viaja sólo con su marido, sino que también les da la oportunidad a uno o dos estudiantes norteamericanos de conocer la zona chaqueña y su diversidad cultural y biológica, para que puedan transformarse en verdaderos "embajadores de buena voluntad", como ella los llama. Y en esos viajes aún se sigue sorprendiendo, porque allí no hay un día igual al otro. Junto con su equipo, recorre el barrio, visita a las familias que participan en los estudios, revela datos, charla con la gente, asiste al centro de salud, donde ayudó a determinar las elecciones alimentarias para los más chicos, organiza charlas y hasta colabora en eventos sociales. "Es notable que después de 14 años de compartir cosas con ellos, cada día aprendo algo diferente. Además de recibir un cariño intangible de las familias, recibo el invalorable apoyo de las mismas en lo que hace a su participación en las investigaciones que hemos realizado. Resulta claro que sin su apoyo y paciencia, yo no hubiera podido hacer nada de lo que hice", asegura. Y a partir de sus estudios, conoció, entre otras cuestiones, los modelos de salud-enfermedad que informan su comportamiento frente a, por ejemplo, la crianza de los niños o las transiciones en la vida. Pero por sobre todas las cosas, las comunidades aborígenes le enseñaron a replantear prioridades, llevándola a una reflexión profunda sobre qué cosas conducen a la felicidad y cuál es el verdadero sentido de lo que uno hace. "Me enseñaron -además- que, a pesar de las diferencias culturales, que a veces son profundas, hay lugar para la amistad y para el diálogo." Así, seguir con las investigaciones en ecología reproductiva en Formosa es parte de su futuro, así como acompañar a la comunidad Qom en sus esfuerzos para lograr una mejor calidad de vida: "Mi sueño es que la Fundación ECO crezca y que se multipliquen sus esfuerzos. Que podamos tener muchos padrinos y madrinas que acompañen a estos chicos que merecen toda nuestra consideración y apoyo. Que podamos tener una presencia más estable en el barrio Namqom para seguir generando oportunidades de salir activa y sostenidamente del círculo de la pobreza en el que están inmersos. Que podamos generar en la sociedad no sólo el respeto por las diferencias culturales, sino también una valoración de estas diferencias, de manera de generar diálogos de los que aprendamos todos". El sol cae, aunque el tiempo parece haberse detenido. Y allí están ellas, en ese entorno donde no sólo el sonido de la naturaleza se hace escuchar, sino también el silencio mismo. Claudia y Bety se entienden de mujer a mujer. El autor recibió el premio Educar del Arzobispado argentino CLAUDIA X CLAUDIA "Mis padres son inmigrantes italianos, extremadamente trabajadores y a los que les debo lo que actualmente soy. Me casé hace casi 23 años con Eduardo Fernández Duque, primatólogo y profesor también en la Universidad de Pensilvania, nos dicen el dúo dinámico. Tenemos tres hijos maravillosos: Matías, Facundo y Joaquín." "Junto con Eduardo nos recibimos de licenciados en Ciencias Biológicas, en la Universidad de Buenos Aires [UBA]. Fuimos becarios del Conicet y luego realizamos el doctorado en la Universidad de California, Davis." "Nos doctoramos en 1996 e hicimos el posdoctorado en Harvard. En 2005, me ofrecieron el puesto en el que actualmente me encuentro trabajando. Además, soy Miembro Correspondiente del Conicet, lo que me permite formar parte del quehacer científico en la Argentina, así como tener estudiantes y becarios del Conicet a cargo." "Trabajar en Estados Unidos ha tenido muchos beneficios, sobre todo en cuestiones de estabilidad laboral y acceso a recursos materiales e intelectuales." "Extraño a mi mamá, mis hermanos y mis seis sobrinos, que me duele no verlos crecer ni compartir cosas de todos los días con ellos. También extraño quedarme hasta tarde charlando con amigos, compartiendo unos mates en la quinta." BIO Profesión: licenciada en Ciencias Biológicas. ONG: Fundación ECO. Fecha de nacimiento: 14/7/75. Area de acción : promoción de la educación formal y no formal de niños y jóvenes del Gran Chaco. Logros : recibió el Premio Presidencial para Científicos e Ingenieros Jóvenes otorgado por el gobierno de los Estados Unidos.. www.lanacion.com.ar

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