2 jul. 2015

Efectivizaron a traductores tobas del Centro de Salud de Las Lomas

Fue a través de un decreto del gobernador en el marco de la ley que instrumenta la regularización del personal contratado. Hace seis años que hacen de intérpretes entre la comunidad aborigen y el personal de salud.
Cuando termine la secundaria me dije que alguna vez iba a pertenecer al sistema. No es fácil ingresar y que te reconozcan de un día para el otro. Más cuando uno vive en una zona como esta”, fueron las primeras palabras de Abel Gómez a Diario UNO. El joven trabaja de intérprete de la comunidad toba en el Centro de Salud de barrio Las Lomas desde hace seis años, y después de una larga lucha, este mes cobrará su primer mes como empleado de planta. El reconocimiento del Estado, a través de un decreto del gobernador, se logró en el marco de la ley 13.448 que instrumenta la regularización del personal contratado en distintas áreas de la administración pública provincial. Por este mismo decreto, Sandra Lescano, compañera de Abel en el dispensario, y Andrés Sosa, que trabaja en tareas de asistencia escolar para miembros de la comunidad, también consiguieron pasar a formar parte formalmente de la administración pública provincial. En diálogo con Diario UNO, Silvana Acevedo, trabajadora social del Centro de Salud, señaló que hubo varios intentos para llevar traductores al dispensario, pero que por diversas razones no se terminaban quedando. Mientras tanto, Abel y Sandra persistieron hasta el mes pasado cobrando una beca que apenas supera los mil pesos y que durante mucho tiempo fue inferior a esa cifra. Acevedo sostuvo que los traductores son “facilitadores” del trabajo porque la comunicación con los integrantes de la comunidad toba no es sencilla. “Hay cuestiones que son propias de la salud y explicarlas no es fácil. Más allá de que la mayoría habla castellano, una cosa es entender una conversación y otra una indicación médica”, contó y agregó: “Muchas veces el personal tiene dificultades para comunicarse con los pacientes, y en esos casos la labor de los traductores se torna esencial. Hemos enfrentado muchas situaciones complicadas y gracias a los traductores se puede trabajar acompañando a las familias en los procesos”, explicó. Para la trabajadora social se trata de un trabajo en construcción, lento y que se construye día a día, más en una institución con sus reglas y sus complejidades. “Si bien nosotros pensamos la salud desde la integralidad y desde lo intercultural para que sea universal, indefectiblemente hay un choque cultural”, destacó Acevedo y reconoció la importancia de que en medio de un barrio con una importante comunidad aborigen se pueda incluir a sus miembros y hablar de accesibilidad.La historia de Sandra Tiene 25 años y hace siete años que trabaja en el Centro de Salud, pertenece a la comunidad toba y vive hace cinco años en el barrio. Para Sandra, muchas veces el principal problema es que los pacientes no pueden expresar sus dolencias a los profesionales de la salud. “Me interesaba ayudar a la comunidad, por eso entré y aprendí muchísimas cosas, y ellos no saben explicar lo que les pasa. Sobre todo los mayores y los ancianos, pero cuando se les explica bien lo entienden y nosotros les hablamos en nuestro idioma. La comunidad toba casi no habla español, muchas veces cuando les hablás se quedan mirando y a la mayoría le cuesta mucho hablar en castellano”. Lo más complicado es explicar los tratamientos con los medicamentos, y la frecuencia con la que los deben tomar. “Hay que estar ahí para que tomen los remedios, o muchas veces se olvidan que tienen turno y nosotros vamos casa por casa y les avisamos, y muchas veces los traemos”, contó.La historia de Abel Para los traductores del Centro de Salud a partir de este mes no solo cambiará mucho su situación económica, sino que por primera vez en sus vidas tendrán posibilidades de sentirse insertos en una sociedad que sistemáticamente los ha excluido. Abel tiene 30 años y es padre de cinco chicos, trabajó en la construcción y paralelamente siguió sus estudios secundarios y nada fue fácil para él. “Yo he recorrido bastante y entregué currículums en todas partes, y no me aceptaban por el lugar en donde vivo. Inclusive una vez me tomaron de una cadena de supermercados, pero me echaron cuando se enteraron que vivía en Las Lomas. Suceden cosas muy injustas”, se quejó. Para él la discriminación existe y la sufrió en carne propia, y “pertenecer al sistema es bastante complicado”, sobre todo si uno vive en un barrio como Las Lomas y si es miembro de una comunidad aborigen. “No solamente el insulto es discriminación, sino también cómo te acepta una sociedad. Cuando intenté conseguir trabajo, me di cuenta de que la discriminación existe”, enfatizó. Más allá de esta realidad inocultable, Abel se mostró muy contento con el pase a planta y por la posibilidad de tener una oportunidad y agradeció la lucha que dio el Instituto Provincial de Aborígenes Santafesinos para que él y sus dos compañeros fueran reconocidos en su trabajo. “Sabemos que desde el centro de salud no nos podían exigir que nos quedemos, pero muchas veces lo hacíamos por nuestra cuenta para aprender y para ayudar a nuestra comunidad. Además, veíamos que nuestros compañeros no daban abasto con la cantidad de gente”, finalizó. por: Coqui Toum / Diario UNO http://www.unosantafe.com.ar/santafe/Efectivizaron-a-traductores-tobas-del-Centro-de-Salud-de-Las-Lomas-20150630-0090.html