9 dic. 2014

En Rosario, 6 mil personas se reconocen como integrantes de pueblos originarios

En el relevamiento, 35 referentes de las distintas comunidades asentadas en la ciudad asumieron un rol clave y acompañaron las visitas que, puerta a puerta, se concretaron en 17 barrios.
Sobre la cantidad de población aborigen que vive en Rosario se han barajado números disparatados, al punto de que la propia ordenanza que el año pasado creó la Dirección Municipal de Pueblos Originarios estimaba que sus integrantes podrían rondar las 25 mil personas. Por eso, con buen tino, una de las primeras tareas que se dio el Consejo de Políticas Indígenas, formado al calor de esa normativa, fue encarar un censo. En el relevamiento, que culminó en octubre, 35 referentes de las distintas comunidades asentadas en la ciudad asumieron un rol clave y acompañaron las visitas que, puerta a puerta, se concretaron en 17 barrios. El resultado preliminar arroja que en 1.350 hogares casi 6 mil personas se identifican a sí mismas como aborígenes, por descendencia o por pertenencia plena a una etnia. A ellos se sumarán quienes de ahora en más se inscriban en un padrón que quedará abierto para seguir reconociendo la pluralidad étnica y cultural que enriquece a Rosario.    La cantidad de miembros de pueblos originarios que viven en la ciudad siempre ha sido materia de controversia. Por ejemplo, números demasiado abultados con frecuencia se han usado para explicar el crecimiento de los asentamientos precarios, como si el flujo de las migraciones internas no hubiera experimentado variaciones en décadas    Danza de números. Una búsqueda de archivo de La Capital revela que incluso los propios referentes de comunidades indígenas barajaron en los últimos años cifras que iban de 20 mil a 30 mil personas.    Números más ajustados (no desglosados aún por localidad) se desprendieron del censo nacional 2010, que inauguró preguntas específicas sobre adscripción étnica y relevó, en toda Santa Fe, 48.265 miembros o descendientes de poblaciones indígenas distribuidos en 18.939 hogares. En todo el país, la cifra llega a 955.032 personas (2,38 por ciento de la población global).    El número mejora el que cinco años antes había arrojado la Encuesta Complementaria de Pueblos Indígenas, que a nivel nacional contabilizó 600.329 integrantes de esas comunidades (aunque en esa ocasión se limitaba a quienes se reconocían aborígenes o descendientes sólo en primera generación).    De allí la importancia de tener números más ajustados sobre esa población y su calidad de vida en la ciudad y así poder orientar mejores políticas públicas en esferas como salud, cultura, empleo, creencias, género y juventud.    Por eso, apenas se integró el Consejo de Coordinación y Participación de Políticas Indígenas se empezó a diseñar el censo, que largó en julio y terminó en octubre.    Del relevamiento participaron 54 censistas de pueblos originarios, pasantes de la UNR y personal municipal, que recorrieron los sitios donde los referentes comunitarios ya registraban radicación aborigen.    Fueron 17 barrios de los distritos Norte (Travesía e Industrial), Noroeste (Los Pumitas) y Oeste (barrio Toba Municipal, Naarita, Amistad Qom, Cariñito, Tacu, Villa Banana, La Boca, Pororó, Lasom, Luz y Esperanza, El Sol, La Lagunita, La Cava y Banderas Argentinas).    En paralelo, en septiembre se abrió un Registro de Pueblos Originarios en cada centro de distrito para que de ahora en más exista un relevamiento complementario donde puedan inscribirse personas que se identifican como indígenas, pero no viven en comunidad.    Se visitaron 1.250 viviendas que alojan a 1.350 hogares, compuestos a su vez por 6.417 personas. De ellas, 5.943 (el 92,6 por ciento) se asumieron como integrantes de pueblos originarios.    De todos modos, el censo no se limitó a consignar dónde están ubicadas las viviendas y cómo están compuestos esos hogares, sino que también incluyó datos personales y de pertenencia étnica, así como rasgos económicos, sociales y culturales en lo que hace a empleo, salud, alimentación, educación, alfabetización, creencias, uso de lenguas indígenas y participación en organizaciones.    Contra lo que podía suponerse, para la subsecretaria general de la Intendencia, Lorena Carbajal, el número no deparó mayor sorpresa. “Pese a que no había datos precisos previos, era más o menos lo que preveíamos”, dijo, aun cuando todavía se confía en que los registros de los distritos sigan sumando gente que no vive en comunidad ni en los barrios que relevó el censo (por ejemplo, de origen kolla o mapuche). Qom y mocovíes. El pueblo mocoví y sobre todo el toba (o qom) forman sin duda la enorme mayoría.    Hay, sin embargo, algunas curiosidades: por ejemplo, matrimonios mixtos cuyos descendientes se asumen como originarios, pero no adscriben a una etnia en particular, o incluso familias que no descienden de aborígenes, pero tras convivir largo tiempo con una comunidad terminan reconociéndose como integrantes de ella, contó Carbajal.    Recién 2015 traerá precisiones sobre aspectos como origen, conservación o pérdida de pautas culturales, manejo del idioma, hábitos alimentarios y culinarios, creencias y prácticas medicinales.   Prima facie, ya se advierte que la mayor parte de la población originaria lleva largos años radicada en Rosario (aunque viaje con frecuencia), que en esos hogares hay un fuerte componente joven (de menos de 30) y que, como muestra el 92,6 por ciento de autorreconocimiento, “no se ha perdido el sentimiento de pertenencia e identidad”, resaltó Carbajal.    Luego se verá cómo conviven con las “tradiciones” las preocupaciones “mucho más transversales” que expresan los jóvenes o las necesidades de “empoderamiento” por parte de las mujeres.   Por ahora, con un número más ajustado a la realidad, los pueblos originarios ganan visibilidad en Rosario. Los resultados pendientes del censo seguramente abundarán en las dos caras de una misma moneda: mostrarán toda su riqueza y toda su pobreza, la más extrema en el contexto urbano. http://www.lacapital.com.ar

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